Una tarde estaba yo platicando con don Sixto
Barrera acerca de mi caballo el CAPULIN.
Entonces el me empezó a dar algunos consejos de
cómo debía yo de tratarlo:
A los caballos hay que ponerles mucha atención,
entonces cada vez que regreses de una charreada, o de una práctica dominical, o
simplemente, porque saliste a montar en él, haz estas cosas sencillas:
Antes de meterlo a su pesebre, aflójale el cincho
de la montura y paséalo por lo menos unos cinco minutos, quítale freno y que
camine detrás de ti esos cinco minutos, jalándolo con un bozalillo, cuando
puedas dale un terroncito de azúcar para que aprenda a seguirte.
Luego quítale la montura y con el suadero quítale
el sudor del lomo.
Enseguida cepíllalo, y mientras lo haces, acaríciale
la crin y las orejas. Revísale el hocico y checa que no traiga heridas por el
freno.
Revísale sus cascos y las herraduras, que no traiga
algún clavo flojo.
Mételo a su pesebre y dale un poco de agua. Ponle
poca alfalfa acicalada, y dale un poco de avena en grano, acuérdate que la
avena en hojuela es solo para los niños, la avena en grano trae mucha fibra.
Luego déjale el agua suficiente para que beba. Él beberá hasta que quede
satisfecho.
Luego tú, vete a bañar y a cambiar, y antes de que
te recuestes para descansar regresa al pesebre, para revisar que esté bien y
siempre háblale bonito.
Si cada vez que regreses haces estas cosas
sencillas, tu penco va a saber que tu lo quieres y lo respetas.
Así de sencillo era don Sixto Barrera.