martes, 19 de agosto de 2014

UN BUEN CHARRO



“¡Así que aquí tienen escondidos a todos los guapos mexicanos!” dijo  mi novia Lupita Agüero al entrar al Lienzo Charro de la Laguna, donde se encontraban varios chicos preparando sus caballos para entrar en acción. Ella tiene razón. Los hombres mexicanos se ven especialmente apuestos en traje de charro. Les hace verse varoniles y realza su porte.

El traje de charro es el traje típico mexicano. Lo utilizan quienes practican el deporte nacional que es la Charrería. Hay de varios tipos que van desde los más sencillos llamados “de faena” hasta los más elegantes y costosos con abotonadura de plata, llamados “de gala” que se utilizan en las ceremonias más importantes como una boda o el desfile militar de la Independencia de México. Aunque muchos quizá tengan referencia de este atuendo en el que utilizan los mariachis. Sin embargo hay gran diferencia entre un mariachi y un charro.

La charrería es una tradición, un arte y un deporte que conserva el espíritu de México. Lo practican familias enteras que cada domingo se reúnen en los Lienzos, -una especie de Plazas de Toros o Estadios- propios para realizar las suertes con ganado y caballos donde los charros se juegan la vida.

Esta práctica está basada en las actividades tradicionales de la ganadería. Implica hacer gala de las habilidades ecuestre que los charros o vaqueros mexicanos realizaban para ganarse la vida y también para divertirse durante las fiestas o ferias de su región. Consiste en 9 suertes en las que el charro interactúa con vaquillas, toros y caballos, poniendo en riesgo su propia vida.

La visita al Lienzo comienza al medio día. Los hombres preparan a sus caballos y con su distintivo traje y sombrero. Mientras sus esposas, hijas y el público aficionado a vivir la fiesta charra se colocan en las gradas, donde se venden antojitos mexicanos, cervezas, tequilas y dulces para disfrutar de la mañana.

El ambiente resulta festivo pues de fondo tocan los mariachis o la banda. Quizá el momento más colorido y emocionante de la charreada es la participación de la escaramuza charra, que es el equipo de mujeres a caballo que realizan una especie de coreografía a todo galope y que lucen hermosos vestidos de “adelitas". Entrada la tarde llega a la hora de comer. Es entonces cuando los charros, luego de las glorias obtenidas en el lienzo, con un poco de tierra en la cara, se acercan a sus familias para compartir los alimentos.

La familia el núcleo fundamental de la vida del charro. El charro como el hombre mexicano es capaz de dar su propia vida en defensa de sus padres e hijos, así como  de la patria y el honor. Es en la figura del charro es dónde se  gesta la identidad mexicana. Los valores en que se sustenta, son en el fondo los valores de la nación.

El charro representa un sólido estereotipo de lo mexicano en términos de imagen ideal: señor de sí mismo, de su familia y de sus bienes. Un hombre de una sola pieza. Pragmático y firme hasta la obstinación, valeroso hasta la temeridad, creyente fiel y sincero. Es franco, seductor y exultante.

Encarna una masculinidad derivada de la compleja mezcla de normas, valores, representaciones y prácticas, que tienen lugar en las áreas de su universo simbólico: las relaciones entre los sexos, el poder, la cotidianidad, su vestimenta, la familia... La charrería es como México en general: alegre, fiestero, valiente, íntegro, conservador y hozado.

Las deformaciones de las características del charro se convirtieron en el concepto del macho mexicano: el  hombre bebedor, fiestero, mujeriego, cursilón, bravucón y represor de las mujeres, en algunas ocasiones hasta golpeador y bandido que mucho se ha difundido en el cine. Sin embargo como testigo presencial, puedo decirles que los charros casados o con novia, ni siquiera se permiten mirar a otra mujer de reojo. Excesivamente respetuosos con las mujeres de su casa ofrecen su faena con una ardiente mirada desde el lienzo hasta las gradas y el gesto de quitarse el sombrero.

Y un buen Charro es aquel que llega montado en un buen caballo como el CAPULÍN.


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